martes, 19 de mayo de 2015

TRANSVULCANIA 15'. CRÓNICA DORSAL: 201

El pasado sábado 09 de Mayo llegó el gran día. Llegaba al faro de Fuencaliente 1h antes de salida, eran las 5:00h AM. Y ya había una atmósfera de carrera muy acogedora, el faro iluminado, muchos corredores pasando reconocimiento de chip, gran expectación de público, y “Depa” al micro alentando y abriendo los ojos aún adormecidos de la mayoría de corredores que iban llegando.

Durante la hora de espera que uno pasa parado en línea de salida, y más sin compañía, le vienen muchas cosas a la cabeza. Recuerdas a David y Antonio que hicieron la inscripción conmigo y finalmente no pudieron venir, la carga de entrenamientos que siempre parecen ser insuficientes, la incertidumbre del recorrido que desconocía, o incluso los escasos 14 días que han transcurrido únicamente desde el Ultra de Barcelona (102km y 4000D+), y por supuesto aún no me había recuperado.
Finalmente decidí coger el corta-vientos y ponérmelo, hacía fresco, la brisa del mar a esas horas durante tanto tiempo es incómoda. A medida que se acercaban las 6:00h la música intensifica su volumen, la élite ocupa la primera línea de salida paulatinamente, los focos pierden intensidad, y las palabras de “Depa” se diluyen cuando los primeras notas de “Thunderstruck” de AC/DC comienzan a sonar. El ambiente es realmente espectacular, los focos se apagan, se encienden los frontales y cuenta atrás. Transvulcania 2015 ha comenzado, me siento afortunado.
La primera subida llega al faro, al que hay que rodear ya con la marcha muy ralentizada, somos casi 1800 corredores en salida y se hace lento. Me despido de Gemma que allí está la pobre respaldándome e inicio la subida. La imagen de luces rojas parpadeando, y el movimiento serpenteante de los frontales es una estampa inolvidable. En los primeros senderos verticales hay mucho público y se amontonan los corredores, los parones son frecuentes y uno va más concentrado que no le claven un bastón que cualquier otra cosa. Son momentos bastante tensos e incómodos.
Transcurridos 45’ de subida por el sendero de gravilla volcánica, se desemboca en una pista ascendente y ancha donde el pelotón se oxigena un poco. Aprovecho para recoger el corta-vientos y comerme el sándwich del desayuno. Dejamos la pista para retomar otro sendero a mano derecha, bastante vertical, con mucha gravilla que nos lleva a las afueras de “Los Canarios”. El tapón que allí se produce es monumental, minutos parados y retenciones desesperantes. Aprovecho que empieza a clarear para guardar el frontal. Este tramo de sendero seguramente pudiese haberlo hecho 10-12 min. más rápido evitando los colapsos.
Son las 7h de la mañana pasadas y el pueblo de “Los Canarios” entero está volcado en las calles, los pelos de punta. No he vivido nunca nada parecido, ni en ultras ni siquiera en maratón. Una larga calle ascendente cruza el pueblo y a ambos lados se aglutina la gente para alentar con la misma intensidad desde el primero al último, inolvidable. Allí se encuentra el 1er avituallamiento (km 6,1 a 700m de altura) donde relleno botes, bebo algo de isotónico y sigo la marcha. La salida del pueblo se realiza por una pista ascendente de gravilla oscura volcánica, donde ya puedo sacar los bastones y agilizar algo mi ritmo.

La pista la dejamos introduciéndonos por un sendero vertical a mano izquierda, de nuevo con gravilla muy oscura volcánica, estamos atravesando toda la zona de volcanes (el de Teneguía o San Antonio ya los hemos superado), y esta va a ser la tónica de la primera parte de carrera. En este momento soy consciente que unas polainas hubiesen sido ideales, las zapatillas me las he quitado ya un par de veces para quitar la arena que va entrando y evitar así rozaduras y ampollas en la medida de lo posible. Sin duda son muy aconsejables.
De nuevo nos ponemos en fila india y sigo ascendiendo esta vez a un ritmo constante que me va marcando el participante que llevo justo delante. No es el ritmo deseado pero adelantar supone salirse del sendero y caminar por zonas con mucha más gravilla con lo que ello supone, llenar aún más las zapatillas de arena. Aún así, voy administrando los adelantamientos en las zonas menos comprometidas. La subida es constante y rara vez encuentras zonas llanas de descanso, el terreno sigue siendo de mucha gravilla con el esfuerzo añadido que cuesta dar cada paso. A ello se une el tener que ir parando para dejar pasar los primeros de la media maratón que ya llegan. Son pasadas ya las 9h de la mañana cuando llego al 2º Avituallamiento, Las Deseadas (Km 16,5 y 1900m altura). Aquí las vistas son ya espectaculares, y el sol poco a poco va dejando notar su presencia augurando una jornada de mucho calor. De nuevo relleno los botes, bebo isotónico, como algo de fruta, me vuelvo a quitar la arena de las zapatillas y reemprendo la marcha.
Nada más salir del avituallamiento se realiza una última subida para seguidamente iniciar un bonito descenso. El terreno no cambia, mismas condiciones, y para mí me resulta incómodo incluso ir rápido en bajada con tanta gravilla, voy más pendiente de que no me entre arena en las zapatillas que en optimizar el desgaste de la pisada. Por fin he llegado a un punto de carrera que soy yo el que puedo marcar mi ritmo sin tener que depender del que me precede. El final de este tramo es una bajada por sendero boscoso, sombrío y sinuoso donde se puede avanzar y correr bien hasta llegar al avituallamiento de El Pilar (Km 24,1 y 1424m de altura). Este avituallamiento es enorme, además está a rebosar de público porque es el final de la “media”. No dudo rápidamente en quitarme la mochila, descansar la espalda y tomarme un paracetamol, ya que en la bajada me ha molestado bastante. No dudo tomarme mi tiempo mientras voy rellenando los botes, bebo mucho isotónico, como mucha sandía, es lo que más me pide el cuerpo, me obligo a comer un trozo de bocadillo, y me guardo unas gominolas mientras salgo de nuevo.
 Salgo andando del avituallamiento por una pista ascendente donde me reconforta saber que quedan menos de 50km de carrera ya. A los 100m a la izquierda se coge una pista donde se puede correr, es una pista que ligeramente va subiendo y que sin gran esfuerzo se puede trotar y recortar distancia con rapidez. La pista va recorriendo zonas boscosas y sortear tramos de sombra que ya se agradece, el sol está apretando. Aprovecho un descanso para comer media barrita, hidratarme y remojarme, en este tramo voy sobrado de agua y es la mejor manera de quitar peso. Distraído en recuperar alguna posición y sin hacerse demasiado largo llego al Reventón (Km35 y 1400m de altura), allí esperaba ver a Gemma pero de nuevo no la encuentro, imagino que el acceso en coche también debe ser complicado, así que no puedo desprenderme del corta-vientos y algo de material que me sobra, habrá que esperar.
En el avituallamiento de El Reventón hay dos carteles inmensos, de unos 2x4m que indican que el próximo avituallamiento se encuentra a 12,4Km y se encuentra en el Pico de Las Nieves. Es el momento clave, son las 11 de la mañana pasadas y hace bastante calor ya, así que me aseguro y pregunto a un par de voluntarios sobre el próximo avituallamiento, y me lo confirman, está a 12,4km. Mientras relleno los botes, bebo muchísimo y como otro trozo de bocadillo, mucha sandía y plátano, hago mis cálculos. Al ser subida gran parte del tramo puedo llegar a tardar perfectamente 2h30’ en el peor de los casos, aún así no lleno el bote de emergencia, voy únicamente con los dos de siempre. Me la juego, la espalda me molesta mucho, no he podido ver a Gemma y quitar peso, así que no me queda alternativa.
Nada más salir del avituallamiento ya te da la bienvenida un sendero ascendente y sin vegetación alrededor, el terreno poco a poco va quitando protagonismo a la gravilla y da la bienvenida a la piedra. Por primera vez en un ultra saco el MP3 y me lo conecto, se que va a ser un tramo duro y lento y desconectar me puede venir bien. Me encuentro bien de fuerzas, el salir obligadamente reservón me da un puntito de más que seguramente no tendría. La subida se hace dura y bastante lenta, el terreno está muy seco y constantemente los participantes precedentes van levantando un polvo que aunque no quieras vas tragando y respirando. Llego a mitad de recorrido entre avituallamientos km6 (por lo menos eso es lo que marcaba el “El Reventón”) y me encuentro un refugio algo retirado del recorrido donde no dudo desviarme y parar a descansar con la fortuna que me rellenan el bote que ya llevaba vacío. Perfecto! Salgo de nuevo y el terreno sigue siendo ascendente, mismo sendero y terreno, no hay tregua! El calor hace mucha mella y se nota en los participantes que llevo alrededor, cada vez peores caras y más silencios, y muchos de ellos descansando bajo las pocas sombras que ya quedan, apenas hay vegetación. Aprovecho para tomarme un gel y enchufarme al MP3 de nuevo. Van pasando las canciones, sube la temperatura, estamos a 32ºC el viento es caliente, el tiempo avanza y los kms se estancan. Pregunto a un compañero que me dice que ya llevamos 12km desde “El Reventón” así que aprovecho para terminar el primer bote y dar un buen sorbo al segundo, voy deshidratado.

Es el peor momento de la carrera, hace muchísimo calor, han pasado ya 15km y el avituallamiento no llega y no se divisa en cada una de las zonas altas que vamos alcanzando. El coco empieza a cortocircuitarse y aunque de fuerzas voy bien y el dolor de espalda ha disminuido, voy muy deshidratado y administro mi último trago de agua ya caliente en el km16, no puedo reservarlo más. Me guardo el MP3, voy algo desquiciado. La situación se vuelve dantesca por momentos, empiezo a encontrarme participantes tendidos en el suelo, mareados, con claros síntomas de deshidratación pidiendo ayuda y agua. Con alguno me paro a hablar pero no puedo ofrecerle nada de agua. A medida que avanzo empiezo a encontrarme a miembros de la organización y voluntarios corriendo en dirección contraria para buscar y atender a todos los que necesitan ayuda urgentemente. Nos informan que en algo más de 1km se encuentra el Avituallamiento de El Pico de La Cruz, increíble, el avituallamiento de El Pico de las Nieves no estaba tal y como informaban en “El Reventón”. Mi enfado es mayúsculo cuando llego al avituallamiento, me refresco gracias a un voluntario que allí se encontraba con una manguera, saludo a Gemma que también allí me estaba esperando, menos mal, y me dirijo a repostar sin perder tiempo. Mientras bebo agua, isotónico y todo lo que alcanzo como un desesperado, voy escuchando un chorreo de quejas agresivas de todo el que llega, los pobres voluntarios, con cara de póker y viendo que están pasando un mal trago, intentan atender con paciencia y amabilidad a cada uno de los participantes y explicando que ellos están igual de desinformados. Estoy en el Km 43,8 y 2300m altura.
No pierdo un segundo más, me siento y me resguardo bajo la sombra de una carpa que la organización ha instalado, como un par de sándwich de fuet que me había traído Gemma mientras me ayuda a rellenar los botes y darme antiinflamatorio en la espalda. Aprovecho para cambiar de calcetines, quitar arena de las zapatillas, cambiar de camiseta y vaciar la mochila. Unos minutos después me despido de Gemma y reemprendo la marcha. Nada más salir me evalúo, no me encuentro bien, está clarísimo! La insolación y la deshidratación me han pasado factura. No estoy bien pero no se me ocurre en ningún momento abandonar, la situación es sostenible de momento. Así que a ritmo cansado y poco a poco continuo. Es el mismo tipo de sendero, totalmente abierto, vista espectacular de la Caldera de Taboriente,  piedra, piedra y más piedra, sube y bajas continuos hasta llegar al avituallamiento de El Roque de los Muchachos (Km 50,9 y 2450m de altura). No ha sido un tramo demasiado largo, ya que desde que sales del avituallamiento de El Pico de la Cruz, divisas El Roque. Aún así se me ha hecho muy pesado, estoy bastante afectado todavía por la calor. Son las 16h y la temperatura supera ampliamente los 30ºC.
En este avituallamiento, que está repleto de gente, me vuelvo a hidratar todo lo que puedo, vuelvo a comer mucha fruta, relleno los botes por completo y cojo un plato de pasta antes de sentarme un poco y descansar. Intento comer sólido, pero es imposible, como 10 macarrones contados y he de dejar el resto, no estoy demasiado bien tampoco del estómago. Así que antes de salir guardo los bastones y en el último momento decido ir a uno de los baños que allí se encontraban. La mejor inversión en carrera! Nada más salir del avituallamiento me doy cuenta que me ha sentado genial, me encuentro mucho mejor por momentos. Así que con mucho ánimo y con cabeza inicio los 17km exigentes de bajada, hay que bajar de 2450m a 0 con lo que eso va a suponer a los cuádriceps.
El tipo de terreno y sendero es idéntico al de subida en el inicio de la bajada. Me veo bien y me es imposible no apretar, voy pasando a corredores y recuperando posiciones que he perdido en los dos últimos avituallamientos donde he invertido mucho tiempo. Voy administrando los adelantamientos comedidamente, aunque constantemente me encuentro a rueda de otro u otros participantes. El ir a rueda tampoco es buena idea, el terreno está sequísimo y el corredor que llevas delante levanta inconsciente mucho polvo y llegas a sentir como se introduce en la boca al respirar.
Los buenos síntomas se aglutinan. Por fin vuelvo a disfrutar de la carrera después de varias horas muy malas. Ver los primeros árboles me da otro impulso moral, correr bajo la sombra de nuevo es una sensación muy reconfortante. Constantemente he de destaponar los oídos, vamos perdiendo altura con rapidez. Otra buena señal: no voy deshidratado ya. Necesito obligarme a beber sin tener ganas de ello. Son matices que voy valorando y muy distraído llego al tramo final antes del avituallamiento, donde me veo muy fuerte y acelero al máximo los últimos 2-3 llevando incluso un ritmo casi camicace, voy enrabietado! Estoy en el avituallamiento de El Time (Km 61,8 y 600m altura). Como algo de fruta, bebo isotónico, relleno sólo los botes a la mitad y salgo rápidamente.

A partir de este momento se termina la zona boscosa, las vistas al mar, Tazacorte y Los Llanos de Aridane son contínuas. Al pasar por la población de El Time me encuentro con Gemma, le transmito que voy bien, muy cargado de cuádriceps pero recuperado. El último tramo de bajada combina bajadas de asfalto muy pronunciadas, pistas de mucha piedra descendentes y algún pequeño sendero. Por fin llego a la espectacular bajada de Tazacorte, donde a pesar que ya voy con muchísimo dolor de cuádriceps, soy capaz de trotarla y seguir ganando posiciones. Finalmente llego a Tazacorte, ambiente espectacular de público y avituallamiento de isotónico y fruta (Km 68,4 y 0m altura). Me detengo 3-4 min a comer tranquilamente fruta, beber, rellenar un poco los botes, y sacar de nuevo los bastones.
Animado por la gente salgo del último avituallamiento, recorro los metros de arena de playa que hemos de coger antes de dirigirnos por la pedregosa riera hacia Llanos de Aridane. Por fin los cuádriceps descansan. Con muy buen ritmo voy remontando por el Barranco de las Angustías desnivel positivo, algún corredor sigo avanzando hasta que me encuentro en las primeras cuestas hacia la población, allí me encuentro a Gemma que me pide la cámara para grabarme en meta. Hago bastante buena ascensión hasta entrar en las primeras calles de Llanos, donde ya hay gente animando y felicitándonos. Poco después entro en la última recta hasta meta, es una calle muy ancha, ligeramente ascendente de 1,5km donde no dudo empezar a correr. La gente de Llanos está volcada en la calle animando a cada uno de los participantes, reconociéndoles el esfuerzo y manifestándoles su admiración, da igual que sea el primero o el último, el esfuerzo es brutal para todos. Son momentos indescriptibles. No hay niño que no quiera darte la mano o persona que te cruzas y muestre su cariño.
Finalmente llego a los últimos 50m de la carrera. Encaro la subida entro en la zona de vallado, pongo mis pies sobre la alfombra roja y saboreo esos 50 metros de premio antes de cruzar línea de meta y recoger orgullo la medalla y camiseta de finisher. Tiempo final 14h42’39’’ bastante por encima de lo planificado. El calor, los colapsos y el tramo sin avituallamiento han marcado bastante mi carrera, aún así muy contento de haberla sentido, sufrido, disfrutado y vivido.
Desde este rinconcito agradezco de nuevo a Gemma su incondicional soporte y ayuda. Y mi reconocimiento y admiración a toda la gente de la isla que se vuelca con la carrera, voluntarios y habitantes de sus pueblos que con una amabilidad entrañable hacen que desde el primero al último se encuentren arropados. Cualquier persona que te encuentras te ofrece agua, comida, fruta o ayuda. Es sin duda la carrera más emotiva que he vivido. Para mí, inolvidable. Gracias! Y por último a la organización, que sin duda monta una de las mejores carreras de trail del momento, y completamente seguro que limará aquellos errores que hemos sufrido para que en 2016 no sucedan, aún así me quedo con todo lo bueno, que es mucho!